Monday, 07 September 2009

  • Este espacio

     

     

    Así que nos vemos de nuevo. En este espacio. En esto que pudiste llamar tu tabla de náufrago. Tu solario. Aquí, como he dicho.

    Así que vienes a pasar revista. A echar un vistazo, revisar que todo esté como lo dejaste. O no demasiado cambiado.

    Así que te importo.

    En la esquina de siempre está el escritorio, cada vez más cubierto de libros. Está tu vieja libreta. Tus lápices (sólo escribes con lápices, lo sé). Está un rayo de luna, junto con el tarro de cursilería. Está el atril con que ayudas tu lectura. Tus gafas. Está el catéter que te conectas a la cavidad cardiaca para invocar palabras inicuas. Palabras como hilemorfismo, reverberación, performativo, obtenebración, y bergamota.

    La cortina apenas se mueve, pero para ver su ondular tienes que observar detenidamente. Tanto, que puedes escuchar cada mota de polvo desplazarse. Tienes un laboratorio miniatura, desde luego. Están los frascos en que guardas metódicamente los vocablos más suculentos. Los vicios del lenguaje.

    Tal como cuando estuviste aquí la última vez, el ave de paso camina sobre las sombras. Cuando haces los pases adecuados se inquieta, abre sus alas y entona para sí la tonada hemisférica que te hace recordar el parque de la infancia y las fuentes secas en otoño. Hay un platito con golosinas.

    Así que buscas que tu sillón esté tan mullido como lo recuerdas. Pones tu espalda en actitud reflexiva, frunces el ceño, colocas el codo de manera que puedas recargarte cómodamente. Meditas. Ves el sol ponerse en este espacio, y piensas en cuántos atardeceres te quedan por mirar, y cuándo entenderás el mensaje que se oculta en el rojo bermellón que pinta el cielo algunos septiembres.

    Está la alfombra, la mesa con los licores buenos, el perro faldero, la hoguera presta, el rechinar de la madera, el aroma que algunos han confundido con lo sagrado. Está la ventana que da al lago, la puerta que desemboca en la caverna, el ático de la gran ciudad. Todo aquí, a un paso, a dos.

    Tus recuerdos instantáneos junto con las memorias de tiempos que se fueron hace años. El sabor del café de los sábado cuando eras infante y no se suponía que debieras tomarlo. El frío de las noches en que despertabas sin saber bien dónde estabas. El temor que a veces te asaltas cuando caminas y tienes la tentación de mirar atrás. Tus pensamientos vulnerables. Tu lado frágil. Las palabras que te provocaron tanto dolor. La música que sonó aquella noche. Las cartas, los pedazos de cartas. Los anhelos, los deseos, lo que la gente llama "bajas pasiones", y el heroísmo, y el servilismo, y la venganza, y la vergüenza, y las cicatrices que sólo tú sabes están ahí. Junto con la esperanza, la duda, la pereza, el otro deseo. Los mapas y los boletos.

    Estás a punto de decir que estás tú.

    ¿Y quién más? En este espacio.

     

    átomo

     

Comments (4)

  • Aquiles

    Sí, éste espacio es inquebrantable. Pero cuánto absorve de la vida, la otra vida, la que está más allá de la vidriera. 

  • Autist27

    ¿Quién más? Todos y nadie.


    Sólo con lápices... qué buena imagen.

  • NoAlcanza

    Bergamota. Últimamente, mi espacio que bien tiene su parte contenido mas no continente de éste, me importa una (bergamota).


    ¿Qué tienen de romance el fuego, "el aroma que algunos han confundido con lo sagrado", la soledad dividida aunada de dos? 

    Es maravillosa esta entrada, venía acumulando energías escribi--vivibles desde tiempo ya. Te envidio. ¿Cómo impulsas a que prosiga en mi espacio, ese que ahora también está compartido y visualizado por much@s más?

    Ya no sé qué hacer. El/a activista ánima-ánimus está debatiéndose con la "escritora por placer". Y lo mejor de todo, es que ninguna de ambas categorías existieron como tales.

    A ver si me suelto (el pelo) y paso a impregnar de tinta, retazos, no pedazos de cartas en forma digital.

    Abrazo enorme amigo!!!
  • karla_dark

    Amigo abandonador. Espero que estés terminando la tesis con éxito (cosa que no dudo). Escribes y describes tan bien que te veo en tu sillón mullido, con una copa en la mano, la chimenea encendida y las cortinas moviéndose como un velo de mujer.


    un beso, amigo sibarita. :D

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