Hoy comienza la temporada de la NFL. Permitireme una entrada pedestre, banal, y, en una palabra, ligera.
Platicando con mi amigo El Cavernario, hemos constituido una lista que indica la superioridad del fútbol americano sobre el balompié. El nefasto soccer: deporte bananero. Como mi colega me madrugó con este tema, no puedo sino contribuir a colocar el americano en su bien ganada superioridad. Sin más, enlisto algunas razones que muestran lo estupendo de este deporte.
- Las metáforas que provoca. Piensen en la posición más importante a la ofensiva: el Mariscal de Campo. Vaya figura literaria, ¿eh? El lugar donde se juega: el emparrillado. El balón es el ovoide. Ahora piensen en las metáforas del balompié. Ajá.
- Los comentaristas que forma. Este es un argumento para señalar la superioridad intelectual de los jugadores de americano (me han señalado que estos jugadores quedan imbéciles). Quizá algunos, no voy a negarlo, pero si vemos qué comentaristas pasan de su deporte a la televisión, veremos que los del americano son más brillantes, ocurrentes, e incluso diremos elocuentes. ¿Y los del soccer? Ajá.
-La emoción. La gran mayoría de los partidos de fútbol americano se definen hacia los últimos minutos. Pueden pensar en los últimos dos campeonatos, cuyas anotaciones finales sucedieron a menos de tres minutos del término de la contienda. Esto es más la norma que la excepción. Piensen ahora en los últimos cinco partidos de soccer que han visto. Ajá.
- La competencia. No me refiero a la competencia entre equipos, sino entre profesionales. Los jugadores de americano están en constante rotación dentro del equipo. Podrías estar contratado una semana, luego echado, y contratado por un tercer equipo. Esto garantiza que sólo los mejores jueguen los domingos. La estructuración de contratos da flexibilidad para que los equipos se muevan rápidamente. En el soccer parece que las cartas entorpecen todo.
-The trash talk. Y lo pongo así, en inglés, porque en español no hay manera de traducir sin perder demasiado. En el americano, algunos jugadores hablan de más, hacen provocaciones, insultan sutilmente. Todo con el afán de meterse en la cabeza del rival, de desconcentrarlo, de generar ardor. Probablemente en el soccer suceda lo mismo, pero los jugadores no tienen posibilidad real de hacer una demostración física de su palabrería. Un paso atrás: las unidades ofensivas y defensivas juegan una contra otra. Así, un defensor u ofensor criticará a un rival de la unidad opuesta. Y en el campo podrán demostrar físicamente y sin equívocos quién es superior. Es decir, una esquina dejará al receptor sin atrapar pases. O el receptor quemará a la equina. Un corredor aplanará a un liniero. O será sembrado, con un avance ridículo. Entonces, los líos verbales se ajustan físicamente al momento del partido; siempre hay un ganador. En cambio, en el soccer los jugadores pueden declarar fuerte y nunca enfrentarse cara a cara en la cancha. O pueden empatar a ceros.
-La publicidad. Este juicio podría ser más subjetivo, pero si pensamos en lo que el deporte mismo le da a la publicidad... Ajá.
De los últimos dos puntos tomo la idea del título de esta entrada. El americano probablemente sea una forma de violencia inteligente, donde la estrategia es fundamental. Estoy hablando de un deporte de contacto en que el contacto no es el fin (como en el box), pero donde el contacto está muy regulado (a diferencia del soccer).
El cuatrimestre más feliz del año ha comenzado. Red, red, flag. On three!
